Cerezas deshidratadas | Para leer on line~

Buenas a todxs ^^

La semana pasada y hoy han sido de necesario descanso después de notar cómo mi creatividad no estaba en su pleno rendimiento. No me gusta gran cosa cuando sucede porque yo quiero escribir y escribir, pero la inspiración funciona de esta manera. Sólo hay que dejar que recargue las pilas y espero volver a la carga en breve :)

Antes de ayer y ayer sí pude dedicarme plenamente a la nueva novela, que a estas altura va por el capítulo XLI (41) por el orden antiguo o el XXI por el reciente. Ya he dejado de contar las palabras jeje ... pero en cuanto a páginas se refiere pronto alcanzaré las 520. Yo creo que me quedan como 125-150 para finalizarla. Eso sin contar con los necesarios extras (dedicatoria, bibliografía, ...) que luego le añadiré, claro ^^

Ya sabes, recuerda que cuando la termine la dividiré en dos partes aproximadamente iguales: la primera más corta que la segunda.

Pero esta tarde traigo para leer aquí en el blog uno de los relatos que escribí hace tiempecillo y que igual ya conoces.



 Sinopsis para todxs:

Tú y yo. El sueño y la realidad. El amor y el sexo.


Pues nada más, queridx. Recuerda que ya queda menos para ser testigx del nuevo lanzamiento. Desde aquí darte las gracias por seguir ahí ^^

No olvides compartir esta entrada si es de tu agrado o comentarla: recibir feedback nunca está de más :P

Abajo tienes la obra para leer on line, pero si lo que quieres es descargártela ve AQUÍ.

Saludines y que tengas un buen finde.

Eleanor Cielo~
Homoerótica Azul. Léela. Ámala
 
 
 
 






YO

El recuerdo soñado del almizcle sobre tu cuerpo me embriaga y me sume en algún estado mental delicioso. Rememoro tu sonrisa, tu ardor, tu brisa; el fugaz instante donde rocé sin querer pero codiciándolo, la punta de mi labio contra tu mejilla. Aquel momento arcano agrietó la puerta de la pasión, del inicio de mi insólita obsesión como ladrón de fragancias tuyas.


Quiero poseerte para que seas libre. Quiero abrazarte para ser libre. Quiero robarte para mí y ser también libre.


Acariciarte, regalarte mi ternura. Besarte, regalarte mis afectos.


No son abundantes las memorias de las que gozo, pero no me afecta: todos estos sentimientos compensan los días que tu color y calor no me envuelven. Te dibujo en mi consciencia y te distingo en mi letargo.


Pero luego averiguo que tu sola existencia me llena. Dulce presencia que recorre el sabor de tu figura.


Me iluminas.





ÉL

Como en un sueño, él dormía acurrucado sobre el escalón de una gran escalera de caracol, con los brazos cruzados para que su cabeza reposara sobre éstos y realzara sus formas irresistibles. Sus ojos descansan y las facciones de su rostro en nada se inmutaban. Su cabello, rojizo y vivo, disimulaba lo oscuro de su piel caramelizada por el astro rey, por innumerables días llenos de jovialidad y despreocupación alguna. Pizcas de gotas doradas impresas sobre su cuerpo terso, obra de arte urbana y a veces mundana.


Lo descubrí varias veces, pero siempre a través del cristal onírico, aunque aquella escalera emergía de una forma u otra. Siempre interponiéndose entre los dos, impidiendo que ambos habitásemos frente a frente. La última vez fue sobre un fondo blanco y con rincones de claroscuro, mientras los cristales de colores hacían con la luz arco iris extraños, desconcertantes y sedientos de confusión.


Pero esta vez la escalera nos unió. Él, dormido y sonámbulo, y, junto a él, varios frutos purpúreos que no acertaba a adivinar qué eran. La expectación hizo tomar uno entre sus dedos, que ahora aparecían por vez primera en el mismo plano de quien yacía en el sueño. Arrugados, de aparente sabor insípido y graciosamente infantiles, se llevó uno a la boca.


El endulzado sabor y fugazmente pastoso convirtió su rostro en una sonrisa cuando descubrió lo mágico de su contenido. Se le antojó otro fruto y, al tomar el penúltimo, despertó y sonrió radiante, versado. Se desperezó y tomó el definitivo. El silencio fue invitado a quedarse cuando nuestros cuerpos se unieron en un beso lánguido, inconfundible. Absoluto.





NOSOTROS

Incluso en el silencio se oía lo que del exterior rebosaba. Muy a lo lejos, el alboroto de niños que jugaban, quizá, con una pelota. También distinguió el ladrido de un perro, aullido que no reconoció amenazador sino hilado en un grito de júbilo que emergía de aquel canino trazado en su imaginación. Los vehículos, su murmullo, parecían rugir más cerca. A ráfagas, alguno cruzaba la calle.


El aire, sin embargo, se escapaba por las rendijas de la puerta. Hacía aquel sonido característico, aullando mientras decía adiós y se deslizaba a través de la madera.


Dentro, a través de la ventana, el sol bruñía la piel que, descubierta, se extendía sobre aquellas sábanas inmaculadas, frescas, veraniegas. El repique de las pequeñas campanillas suspendidas del techo le expresó nostalgia. Atendió las risas de aquellos niños lejanos con curiosidad y alegría.


Se desperezó, rodó sobre el lecho y lo volvió a descubrir. Dormitaba con serenidad, como lo hacen los pequeños cuando -tras un día agotador- caen sobre la cama, la abrazan y se funden con ella en el sueño y también en la vida.


Se aproximó a él, despacio. Las sábanas, la almohada, hablaban de su esencia, de su sabor. Por eso hundió su cabeza sobre ésta e inspiró. A pesar de no ver nada, lograba aplicar colores a las emociones que dentro afloraban y se avivaban.


Sumergido en aquel océano de tonos, texturas y paladares surgió de las profundidades cuando una intensa sed le obligó a posar los dedos sobre aquel cabello rojizo y desparramado sobre el fondo nacarado del lecho donde yacían. Lentamente hundió la yema de aquéllos, después posó la mano sobre la superficie redonda que conformaba la testa del otro. Fue en aquel momento cuando comenzó a apropiarse del ardor y la esencia que desprendía su amante mientras soñaba.


El verano, la tarde. Aquellas tardes de verano donde la brisa del mar refrescaba el ambiente e impregnaba de sal los ocultos rincones de las noches. Las olas, el mar, el sol, la arena, la calidez. Y todo ello, sigilosa y discretamente, se deslizaba por los bordes de la ventana.


Retiró la mano de la cabeza de su compañero quien, tendido sobre su torso, disponía sus brazos cruzados y flexionados sutilmente bajo la almohada; para dejar al descubierto la nuca que había mordido con vehemencia la noche previa. Lasciva espalda sobre la que había salpicado su pulcra nata, y sobre la exquisita redondez que formaban sus nalgas al final del reverso de su cuerpo de hombre penetrante y profundo, atrapadas bajo el fulgor de la luna.

— ¿Me das un beso?— dijo el otro en un murmullo.

—Abrázame y te regalaré uno —afianzó el sexo erecto entre sus manos para dilatarlo y obtener la blanca espuma, el otro se consumía entre gemidos y alaridos nacidos desde el ángulo de la lujuria.




Comentarios

  1. Hola señorita..

    un descanso no está de más, se necesita tener tiempo incluso para eso,, Quizás sea mejor aprovechar el fin de semana?... Recuerda que de todos modos es semana santa; la semana de "pasión",, ajajajajaja...*

    Abrazos

    ResponderEliminar
  2. Qué hermoso relato, me encantó la forma en que cada uno habla y siente del otro. Otra vez gracias por compartir con todos nosotros. Ya la descargué y está en mis favoritos, saludos.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares