Fusión | Para leer on line~

Buenas tardes~

Justo dentro de un rato voy a proseguir con el capítulo XXXVIII de mi segunda e inédita novela. Después de 18 meses trabajando en ella, pronto alcanzaré las 500 páginas y las ciento diez mil palabras. Eso no significa que vaya a finalizarla mañana, pero desde luego representa un paso importante en este mega proyecto en el que me embarqué en 2012. 

Si todo sale según lo previsto, muy probablemente la termine a finales de mayo (crucemos los dedos!!). Y aunque después tendría que corregirla y pulirla con perfección y tiempo, deseo que esté lista para que la leas antes de que llegue agosto-septiembre a más tardar (prefiero no pillarme los dedos :P).

Puede que sean muchos meses, pero tengo que crear ciertos extras que incluiré en el libro que también necesitan de su tiempo. Eso sí, la portada ya está hecha y les ha gustado mucho a lxs afortunadxs a quienes se la he enseñado :P

En definitiva, estoy convencida de que la larga espera merecerá la pena si pensamos en el resultado final. 
Creo firmemente que las cosas bien hechas siempre necesitan de su tiempo y forzarlas sólo lleva a que queden inconclusas, imperfectas Piensa en lo que sucede si abres el horno antes de que la tarta esté lista ;)

Así que espero que me acompañes en este camino del que ya hemos recorrido la mayor parte y donde conforme nos acerquemos a la fecha deseada, iré trayendo las sorpresas que cada día se me ocurren y tengo esbozadas. ¡Estoy segura de que merecerá la pena con creces...!


Dejando de lado el próximo proyecto, nos centramos en uno pasado: Fusión. Un relato precioso que nos transporta a un escenario muy especial y a través de unos personajes cuya pasión se palpa en el ambiente.



La sinopsis para aquellxs lectorxs que aún no conocen esta pequeña obra, y también para lxs que ya la conocen y deseen recordarla de nuevo:
Un artista que descubre las virtudes de un aprendiz muy especial

Nada más por el momento. Te recuerdo que más abajo tienes el relato para leer aquí on line, en el blog. Pero si lo que quieres en descargártelo, ve AQUÍ.

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Buena semana para todxs y hasta muy pronto!


Eleanor Cielo~
Homoerótica Azul. Léela. Ámala





LA LUNA

Besó la rodilla que tenía frente a sí, flexionada junto a la otra.


—Te amo —especificó el rubio mientras se desprendía la fina camisa bordada, previamente abotonada para abandonar a la imaginación su torso pulcro.

—Eso ya lo sé —detalló el otro, desafiante, acechándolo por encima del hombro, con lujuria dibujada en el rostro.


Acto seguido, éste introdujo un dedo en la boca del otro con cierta violencia, quien la abría con los ojos entrecerrados, ansioso por ser profanado.


—Voy a follarte hasta quedarme sin aliento, a extender mi óleo blanco sobre tu virginal y casto lienzo—y deslizó la lengua entre los labios.


El aprendiz se desplegó sobre el gran almohadón, retorciéndose de forma sinuosa. Estiró los brazos hacia atrás y separó ligeramente las piernas para recibir al gran adonis que tenía frente a sí: varonil, admirable, desnudo, empapado, azabache, ardiente, duro.


Recibió un mordisco en los labios para después hacer lo propio con aquellos deliciosos pezones sonrosados y rígidos.


—Ahhh... sí... sigue... ahhhhh… —con las piernas abrazaba al moreno para encerrarlo entre sus brazos y el sudor de su piel, enardecida y transpirada.


El pintor mordía el cuello con ímpetu, sus dedos aferraban el largo cabello dorado para someterlo aún más. El aprendiz se desvanecía entre sofocos, cada vez más ansioso.


—Ahhh, fóllame... ahnn —el moreno se posicionó y comenzó a introducirse con seguridad, sin renunciar a devorar aquella boca que le había robado la cordura desde que aquel día –ahora medio año después- llegase a su taller de pintura. En el umbral de la puerta, aquel bello efebo se había posado cual querubín descrito por Ovidio en sus innumerables poemas —Eso es... ahhhhh… —el arcángel bajo su cuerpo se abandonaba al hedonismo de los mortales mientras apreciaba la opresión del gran órgano dentro de sí.


El rubio se abalanzó sobre aquellos labios para besarlos con desesperación. Su sexo, tirante y calado, pronto arrojó aquel líquido blanco que se derramó sobre su vientre, extendiéndolo sobre sus dedos para luego lamer y avivar al artista.


—No hagas eso —y comenzó a empujar con violencia contra el muchacho para que sus ojos se encendieran por la codicia de perforarlo hasta la extenuación.

—Lo haré las veces que quiera —señaló esta vez desafiante, conocedor de su destino más inmediato, postrado sobre el lecho de su maestro de pintura a quien había seducido con alevosía, devorado por la lujuria, alzado una y otra vez al orgasmo.


Se desprendió de su mentor y se puso de rodillas para comenzar a masturbarse y permitir al otro atrapar entre sus labios ya enrojecidos aquel sexo pulsante y juvenil. El fluido níveo inundó su boca.


—Quiero más... —el arcángel respiraba estremecido, jadeante.


Emplazó sus manos sobre el almohadón, desplegó las piernas y el pintor penetró con entera facilidad. En las idas y venidas, no se percató de cómo el sudor formaba surcos sobre la espalda del pupilo, quien se masturbaba con concupiscencia.


El moreno pronto estalló y el de cabellos dorados, extasiado, comenzó a succionarlo como poseído. Aquél se estremecía por culpa de las arremetidas de semejante lengua, que se adhería a su sexo desbordado y consumado.


Ambos se fundieron en un dilatado beso, donde las lenguas emergían y se ocultaban. El posterior abrazo los estrechó y sus genitales, en un dócil movimiento pendular, coquetearon para lamerse mutuamente.





EL SOL

Se despertó con el brillo que irrumpía a través de la ventana. Escudriñó a su alrededor y, antes de finalizar, se percató de que Adelbert dormía abrazado a él.


Volvió a contemplar la belleza del arcángel, los bucles en los que el cabello áureo se retorcía, en la fina piel que cubría a semejante criatura. Tuvo tentación de lamer sus labios, desprendiéndose despacio del poder de sus brazos tibios, lampiños y tersos. En su retina, la inmortalidad.


Adelbert yacía desnudo, con su sexo ahora apagado. Su torso desnudo, calmado, como la marea que lame la playa al atardecer. Myron no logró resistirse e inició un rosario de besos para cubrir las grietas del otro, aquellas grietas carnosas que armaban los labios por los que se dejaba subyugar.


Introdujo su lengua entre aquella estrecha oquedad y siguió penetrando hasta rozarla con la del muchacho. Éste abrió los ojos y lo atrapó en un abrazo que lo atrajo para sí y presionarlo con avaricia. Más abajo, sus sexos volvían a encontrarse, mimarse, fundirse en la humedad inicial.


A Myron aquel sabor le transformaba. Muy en el fondo de su corazón se reconocía como un consumado adicto a la textura del aprendiz más especial que había llegado a su taller de pintura. A la orilla del mar, su estudio era famoso en la región. A sus pupilas gustativas llegó la memoria del sabor de la noche anterior, cuando vertió sobre su garganta aquella densidad blanca. Bajó hasta tener frente a sí aquella forma erguida y pulsante que hervía bajo aquella exquisita piel.


Adelbert comenzó a sollozar de nuevo, enlazando aquellos espasmos eróticos con los de la pasada noche, para alzarse y contemplar provocador la escena. Pero quiso ir más lejos, y tomó la iniciativa. Se giró en sentido vertical y obligó a Myron a lamer su sexo; él haría lo propio con el pintor, colmándose la boca con aquella delicia tantas veces imaginada sobre un lienzo impoluto.


El artista se resistía a dejar escapar los gemidos que la habilidad de Adelbert conseguía arrebatar. Notaba que el éxtasis iba a despedazarlo por completo y, en un intento por liberarse de aquella solidez que lo arrastraba, apretó con los dedos las nalgas del joven para sí y las pellizcó con provocación.


Pronto cada uno halló lo que anhelaba y degustaron la esencia corpórea del amante. En aquella postura inversa, cada uno recorrió con besos ascendiendo por el cuerpo contrario, hasta encontrar sus bocas en sentido opuesto.


—Te anuncié que sería tu regalo, Myron — sondeó su mirada para ambicionar introducirse en su alma.

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