Ídolo78 | Sexto Volumen~

Buenas noches~

Después de una semana cargada de imprevistos que al final han interrumpido mi trabajo y proceso creativos, he podido finalizar el sexto volumen de Ídolo78: la nueva actualización fruto de la pasada encuesta. Muchas gracias por participar!!!

Hacía mucho que no retomaba las riendas de esta historia, de hecho el anterior volumen es de abril de este año; así que espero haya merecido la pena una vez que leas esta nueva entrega hecha con cariño para que la disfrutes. Tanto si te gustan las escenas subidas de tono como las escenas más románticas, éste es sin duda tu volumen ♥♪

Portada del sexto volumen

Sinopsis de aperitivo por si aún no conoces esta preciosa historia:
Hikaru y Kenshi no empiezan bien su relación a pesar de que cada uno oculta deseos inconfesables.

Por otra parte, recordar que también puedes leer mis obras aquí, en mi propio blog y antes que en ninguna otra plataforma a excepción de Safe Creative donde siempre estará para descargar en .pdf.

Dicho esto, organizaré la entrada para que la lectura sea posible sólo al picar sobre el link de la misma y no si accedes a la página principal del blog: todo para que no salte el texto sin previo aviso ;) Tienes los nuevos capítulos al final de la entrada.

Como siempre, mencionarte las características de la descarga y el volumen en sí:

Puedes:
  • Descargártela de forma totalmente gratuita las veces que quieras.
  • Ponerla en tu blog o página con mis créditos o mención de su autora y web. (Ponte antes en contacto conmigo).
  • Pasársela a tus amigxs o a quien desees.

Sin embargo, no puedes:
  • Decir que la obra es tuya.
  • Venderla ni lucrarte económicamente con ella.
  • Y tampoco hacer una obra a partir de modificar la mía.

En cualquier caso, siempre puedes consultarme por si tienes alguna duda o pregunta ;)
  • La obra para descargar AQUÍ.
  • Mi perfil en Safe Creative AQUÍ.
  • Info sobre las licencias de esta obra AQUÍ.

Espero que la obra te guste tanto como a mí y que esta nueva opción de leerla aquí sea de utilidad. Será un placer leer tus opiniones o impresiones: agradecer con un comentario no cuesta nada

Señalar también que en los días siguientes estará disponible en Wattpad y Scribd para leer on line y/o descargar; y que postearé mis entradas de blog un día después de ser publicadas en mis Facebook y Twitter. La razón es sencilla: deseo agradecer de esa forma a las personas suscriptoras a mis respectivos blogs ;) Así que te animo a suscribirte si aún no lo has hecho :P

Ahora sí, me despido hasta la próxima. Buen finde y hasta pronto!
Besotes!!


Eleanor Cielo~


Te recuerdo que en esta entrada, más abajo, 
están los nuevos capítulos de Ídolo78 para leer on line~








CAPÍTULO XI


Aquellos dos meses.
Aquellos dos meses serían los más felices de mi vida.


Kenshi alzó la mano con cuidado para acariciar el torso desnudo y herido de Hikaru. Su corazón temblaba animado por una melodía distinta, con un ritmo acompasado. Era consciente de que acceder a aquella zona devastada era mucho más íntimo que lamer y saborear las mieles que su compañero le regalaba, más profundo que rozar el interior cálido de su amante para luego fundirse en él.

A través de sus dedos logró abrazarlo en la soledad del dolor que se había ocultado en lo más recóndito de su alma. Recorrió con ojos llorosos el camino trazado y cuando terminó de recorrer la cicatriz, se inclinó para comenzar a besarla con ternura y devoción.

El cantante lo abrazó y aspiró el suave aroma que desprendían los cabellos dorados de Kenshi. Sintió un placentero cosquilleo cuando rozaron su mejilla y esbozó una tibia sonrisa. Cerró los ojos y se ciñó con más ímpetu al cuerpo del rubio. Éste subió a sus labios y, antes de introducir su lengua entre ellos, se detuvo.

—Lo sabes, ¿verdad…?
—Lo sé.

El guitarrista invadió la boca de Hikaru. Sabía que si se dejaba arrastrar por el ímpetu del otro, lograría que la virilidad que admiraba en él fuese un espejo en el que reflejarse. Su lengua caliente llevaba impresa su sabor.

Pero cuando quiso darse cuenta, Kenshi estaba siendo azotado por las manos traviesas de su compañero. Antes había sentido la presión de los pellizcos con los que la piel comenzó a enrojecerse, y luego una extraña calidez sobre las nalgas despertó un intenso encuentro entre el dolor y el placer. Hikaru disfrutaba hostigando aquella parte de su cuerpo mientras contenía en el rostro el deseo de hacer con él lo que la lujuria le susurraba.

Se tumbaron sobre el futón y el repertorio de besos se desplegó para dejar paso a los besos cadenciosos, a los pasionales, a los tiernos, a los húmedos, a los violentos, a los cortos, a los inocentes, a los intensos, a los prolongados. Sus bocas se enredaban y también lo hacían sus sexos. Éstos resbalaban contra sí y en ocasiones las manos los forzaban para que ambas erecciones no perdieran intensidad.

Entonces el moreno le separó las piernas para besárselas y así ascender hacia la ingle, cubierta de aquel fluido pegajoso que ya conocía. Cuando creyó llegado el momento, introdujo un dedo dentro y comenzó a lubricarlo. El rubio alzó el volumen de los jadeos que se escapaban de su garganta y señaló así el rol que había elegido.

Sus pezones fueron lamidos, mordidos, pellizcados, succionados hasta verlos enrojecer y Kenshi seguía arañando y arrugando entre sus dedos la superficie del futón. Percibía cómo su compañero irrumpía dentro de él, en aquel recóndito lugar, y al imaginarse el paso siguiente dejó escapar el nombre de aquél en un cadencioso gemido.

Hikaruuuuu…


—Soy tuyo, sólo tuyo —se había detenido y, dirigiéndose a sus ojos, sentenciado con mirada embriagadora.

Un Kenshi con disimulada sonrisa de satisfacción advirtió cómo el éxtasis alcanzaba su corazón.

Posteriormente el sexo intruso entró desgarrando placenteramente su interior. Así, cerró los ojos y oprimió las nalgas del otro. Las espoleaba por la satisfacción de ser testigo de aquel despliegue de pasión acumulada.

Cuando dejaron de ser dos para convertirse por completo en uno, fue cuando comenzó el arrebato. Lento al principio, frenético después, el sudor comenzó a desprenderse del activo y los jadeos del pasivo. Las palabras de deleite recorrieron los oídos y se erizaron la piel mientras la libídine salvaje se desprendía de la unión de aquellas dos piezas ahora convertidas en una sola.

De esta manera, Hikaru derramaría su elixir sobre el abdomen de Kenshi varias veces para luego admirar el rostro rosado y transpirado del guitarrista.

Extasiados mucho después tras haber intercambiado posturas, permanecieron abatidos sobre el pequeño futón.

Aquella noche no hacía frío. Se tenían el uno al otro. Acurrucados sobre el regazo durmieron juntos, abrazados cuando el sueño finalmente se hizo con ellos. Sin embargo, les había dado tiempo a retirarse mutuamente los cabellos de sus rostros, contemplar y reconocer el estado de dicha en ellos, la felicidad de permanecer unidos.

Aquellos dos meses...



CAPÍTULO XII

Una sonrisa amarga afloró a la superficie de sus labios y bajó las escaleras del apartamento de Kenshi. Antes había dejado las llaves ocultas bajo el tiesto de lo que había parecido ser alguna vez una maceta. Se dirigía al minúsculo habitáculo que había logrado alquilar a una hora de allí una vez conseguido un empleo en una fábrica de piezas de bicicleta.

Mucho habían cambiado las cosas desde entonces. Otras, sin embargo, seguían intactas.

Finalmente, Takumi había accedido a formar parte de la banda, más por complacer a Ryo que por iniciativa propia. No obstante, sería erróneo pensar que no le entusiasmaba dicho proyecto. Y es que con la revelación de Hikaru como cantante y con un potencial sólo para visionarios, la intuición le daba muy buenas vibraciones. Consideraba su mayoría de edad con respecto a los otros cuatro integrantes como una de sus ventajas, poseía una percepción más completa gracias a su experiencia con otras agrupaciones. Ahora, por fin, la banda estaba al completo.

Pero el devenir cotidiano también había traído vientos nuevos y los cinco se habían graduado hacía una semana, finalizando los estudios en el barrio que les vio nacer y crecer. Todos habían decidido trasladarse a Tokio, donde las oportunidades y la escena musical alentaban la materialización del proyecto que acababan de crear. Además, podían continuar sus estudios y contener así las preocupaciones familiares en torno a aquel incierto grupo de muchachos con deseos de formar un grupo. Lo que sólo ellos conocían era que el objetivo seguía sin perderse de vista: el proyecto estaba por encima de todo y lo demás se percibía como sustento del mismo.

Él también había querido irse a Tokio, pero su padre se lo había prohibido de forma categórica mediante gritos y vituperios. Su madre, invisible tras la autoritaria figura, había sido testigo de la discusión. De nada habían servido los sollozos derramados en la soledad de su tristeza. De nada habían servido las alternativas y promesas que Hikaru intentó desplegar ante su progenitor pues el chantaje emocional y la enfermedad de aquélla fueron esgrimidos por éste. Tras un portazo, el cantante de OX52 abandonaba otra vez el hogar donde había crecido.

Pero Kenshi también se había marchado.

—No te marches.
—Pero si vendré todos los fines de semana...
—Pero...

Hubo un silencio que fue testigo de cómo Hikaru, cabizbajo, buscó algún punto donde fijar su mirada para no dejar que la humedad de sus ojos lo inundara. Apresurado, el guitarrista andaba centrado en ordenar y colocar sus pertenencias en aquellas maletas, en especial algunos de sus más preciados discos de vinilo y cuya colección había crecido considerablemente desde entonces. Estaba tan entusiasmado pensando en el futuro que no reparó en la sombra que crecía tras su cantante, la cual se hacía omnipotente. Años después, al reflexionar sobre aquel día, se sentiría culpable y arrastraría aquella aflicción consigo. Pero ahora tenía los sentidos puestos en Tokio.

El moreno apartó por un instante su agonía y, tras carraspear varias veces y así hundir hasta el fondo su desgracia, quiso ver un atisbo de luz en las palabras que Kenshi dijo distraído mientras intentaba cerrar la maleta más grande.

—…no vendré hasta dentro de tres semanas. Ya sabes, los primeros días he de arreglar los trámites, el papeleo,... ¿qué te voy a contar? Y claro, buscar dónde alojarme con el resto de los muchachos. Esto ya está. Por fin se dejó cerrar esta maldita cosa… —hizo una mueca y sus ojos alcanzaron ahora la puerta.
—Entonces iré a verte.

Esta vez Kenshi le miró a la cara y sin ser consciente de nada, le dejó claro que prefería esperar y así poder resolver aquellos trámites por sí solo.

—En serio. Voy a estar aquí cada fin de semana. Puedes quedarte en el apartamento, aunque tendrás que buscarte de una buena vez un empleo.

Hikaru no dijo nada, sólo consiguió sonreír a su interlocutor e intentar que aquello no le destrozara por completo. Detestaba en lo más profundo de su ser sentirse frágil, dependiente, débil. Durante aquellos dos meses se había acostumbrado a aquella convivencia extrañamente adictiva. Había aprendido a reconocer los placeres del cuerpo de Kenshi, a ser despertado bajo sus besos cálidos y a veces deliciosamente torpes, a ser lamido por aquella lengua que ahora le comunicaba que se marchaba. Se sentía abandonado de nuevo.

—Bueno, me marcho. Ya sabes. Vendré pronto —y caminó hacia la puerta con el equipaje. —Te prometo que...

Se adelantó y miró a su compañero. Dejó la maleta sobre el suelo y tomando lo que creyó era suyo, agarró el rostro de Hikaru y lo estrelló contra su boca para abrirse paso por aquellos labios carnosos a los que iba a extrañar como si se tratase de un condenado que iba a ser llevado a prisión. Creyó que iba a morir cuando contó las noches que pasaría sin adorar aquella materia y sin morder aquel bendito sexo mientras conseguía extraer de aquella garganta sagrada los gemidos y alaridos del amante.

Tras intercambiar palabras de despedida y proyectos a corto plazo, cerró la puerta tras de sí sin querer mirar hacia atrás. Dentro de sí, sólo alcanzaba a repetirse una y otra vez Condenado, voy a volverme loco sin ti.



Continuará...

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