Amor volat. Dulcis amor | Séptimo Volumen~

Buenas tardes de domingo~

Hacía tiempo que no actualizaba el último día de la semana (o el primero según se mire), pero esta vez ha tocado así. He querido avanzar con la nueva novela y además traeros una nueva actualización, así que la semana ha dado de sí bastante ;)

Os comento así, brevemente, que ya está listo el capítulo XVII de la nueva obra y que muy pronto sobrepasará las 200 páginas. Seguramente suene repetitiva, pero estoy muy satisfecha de cómo las diversas historias que la componen se van articulando y de cómo su riqueza en cuanto a personajes y situaciones de lo más variopintas me tiene enganchadísima. Aún les queda mucho por recorrer, por vivir, por odiar, por amar... Ahí os lo dejo :>

Pero vamos con lo que hoy nos toca: Nueva actualización de Amor volat. Dulcis amor. De nuevo gracias a los votos que dejasteis en la encuesta de la pasada semana ha sido posible este volumen siete, capítulos 14 y 15. Así que muchas gracias por participar


Este nuevo volumen tiene una mención especial. Se lo he querido dedicar a alguien que ha estado ahí, día tras día, brindándome su apoyo incondicional básicamente desde el inicio de este proyecto a principios de este 2013. Han sido muchos meses y, por ello, muchísimas gracias, querido Maha♥~

Por otra parte, me he percatado de que muchxs de vosotrxs accedéis a este blog a través de móviles u otros dispositivos. Ante este hecho, he decidido que a partir de ahora también podréis leer mis obras aquí, en mi propio blog y antes que en ninguna otra plataforma a excepción de Safe Creative donde siempre estará para descargar en .pdf.

Dicho esto, organizaré la entrada para que la lectura sea posible sólo al picar sobre el link de la misma y no si accedéis a la página principal del blog: todo para que no os salte el texto sin previo aviso ;) Tenéis los nuevos capítulos al final de la entrada.

Como siempre, recordaros las características de la descarga y el volumen en sí:

Puedes:
  • Descargártela de forma totalmente gratuita las veces que quieras.
  • Ponerla en tu blog o página con mis créditos o mención de su autora y web. (Ponte antes en contacto conmigo).
  • Pasársela a tus amigxs o a quien desees.

Sin embargo, no puedes:
  • Decir que la obra es tuya.
  • Venderla ni lucrarte económicamente con ella.
  • Y tampoco hacer una obra a partir de modificar la mía.

En cualquier caso, siempre puedes consultarme por si tienes alguna duda o pregunta ;)
  • La obra para descargar AQUÍ.
  • Mi perfil en Safe Creative AQUÍ.
  • Info sobre las licencias de esta obra AQUÍ.

Espero que la obra os guste tanto como a mí y que esta nueva opción de leerla aquí os sea de utilidad. Será un placer leer vuestras opiniones o impresiones

Recordaros que en los días siguientes estará disponible en Wattpad y Scribd para leer on line y/o descargar también.

Por último, y a partir de hoy, postearé mis entradas de blog un día después de ser publicadas en mis Facebook y Twitter. La razón es sencilla: deseo agradecer de esa forma a las personas suscriptoras a mis respectivos blogs ;) Así que os animo a suscribiros si aún no lo habéis hecho :P

Ahora sí, me despido hasta la próxima. Buen final de domingo e inicio de semana.
Besotes!!


Eleanor Cielo~

Te recuerdo que en esta entrada, más abajo, están los nuevos capítulos de Amor Volat. Dulcis amor para leer on line~









~Capítulo XIV~



   Rodrigo abrió la puerta de la habitación y le invitó para que pasase. Una vez dentro, el muchacho  estudió brevemente el nuevo espacio, donde la ausencia de lujos y materias nobles eran destacables. Sin embargo, la cama que había junto a la ventana parecía cómoda y cuando se acercó a ella se percató de que las sábanas estaban limpias. En el lado opuesto, una mesa algo destartalada y un par de sillas parecían congregadas en una reunión secreta. Sobre aquélla se disponían dos vasos y un cántaro con agua.

El adulto agarró una de las sillas, se sentó y comenzó a juguetear con algo que guardaba en el bolsillo mientras sus ojos se desorientaban sobre el suelo de madera, el cual crujía a cada paso y parecía hundirse.

—Absteneros de abrirla —dijo cuando el infante hizo el intento de acercarse a la ventana. —Nápoles no es una ciudad segura cuando la noche vaga por sus calles. —Continuaba jugando con sus dedos.
—La habitación está mal aireada… Huele como a… —David hizo una mueca para expresar su desagrado por el extraño olor.
—Os acostumbraréis dentro de poco. Ahora meteos en la cama y descansad.
— ¿Y Gonzalo? —Se sentó para desprenderse de las botas.
—Vendrá si no se entretiene.
— ¿Entretenerse?
—Sí que es cierto lo que dice mi compañero de Vos —señaló tras una breve pausa.

Rodrigo se reclinó sobre la silla y comenzó a balancearse. Desde allí podía divisar cómo el muchacho apartaba la sábana y luego se  cubría con una manta que encontró a los pies del camastro. Se giró y le dio la espalda al adulto.

— ¿Qué dice Gonzalo de mí? —David parecía inseguro.
—Aguardad aquí. En breve llegaré. Miradme. No abráis a nadie. ¿Me habéis entendido?
—Sí…
—Cuando salga, cerrad con llave. La llevaría conmigo, pero no puede extraerse.

El muchacho atrancó la puerta y regresó a la cama. Se tapó la cabeza para evitar tener que respirar aquel hedor y así permaneció hasta que no pudo más y necesitó apartar la manta. Entonces divisó la ventana. La escudriñó durante unos instantes y se dio cuenta de que sería fácil abrirla.

Se acercó decidido y desplegó una de sus hojas con sigilo. Pero antes habría apagado la vela que se erguía solitaria sobre el candil de la mesa.

Cuando finalmente el aire fresco del exterior comenzó a entrar en la habitación, David se sintió aliviado y llenaría sus pulmones de la brisa nocturna para sentirla incluso en la boca. La humedad se colaba por las rendijas de su ropa ajada.

Después curioseó con disimulo algunas figuras humanas que se deslizaban por la calle. Prostitutas, hombres solitarios enfundados en capas y maleantes formaban la sociedad nocturna napolitana. Prestó atención pero no logró discernir palabra alguna de los corrillos que se formaban cuando pasaban por debajo de la ventana, allí arriba. A lo lejos se divisaban las luces del muelle y, entre movimientos ondulantes, las de algunos de sus barcos atracados. Más allá, la luna menguante surgía entre nubes para luego ocultarse tímida.

El adolescente contemplaba absorto desde allí escenas que jamás había visto, tan diferentes de las vistas inmutables de palacio. Como si se tratase de un espectador, el mundo giraba bajo sus pies y por un breve instante se sintió pleno.

—Venid a mis brazos, Mi Señor…

 Aquellas palabras salieron del eco de la habitación. Contrariado, cerró la ventana con cuidado y se percató de que provenían del cuarto contiguo. Aliviado, se dejó caer en la cama y allí le sorprendería el sueño.



David se despertó sobresaltado. Alguien llamaba a la puerta con insistencia y, al cerciorarse de que no estaba allí, recordó que Rodrigo regresaría. A oscuras, encontró con dificultades el candil y la mecha para prender la vela. La portezuela seguía siendo golpeada una y otra vez y el muchacho comenzó a exasperarse ante aquellos porrazos molestos.

— ¡Cerrad la puerta! —Exclamó nada más entrar en la estancia una figura sin rostro que lo empujó. La luz se precipitó contra el suelo en un sonido seco y de repente quedaron a oscuras. —Aquí no me encontrará ese desgraciado…
— ¿Quién sois? —Inquirió David desconcertado.
—Nadie que debáis conocer.
— ¿Quién Os persigue…?
—Silencio. Callad. —Demandó en un tono autoritario.

En la negrura del cuarto, se oía la respiración agitada de aquel varón desconocido. Era indiscutible que estaba temblando y parecía atento a los ruidos que provenían del pasillo. Despacio, el infante se agachó y comenzó a buscar el cirio a tientas. Pero entonces encontró el zapato del otro y éste, al sentir una mano ajena en su pie, se sobresaltó y cayó al suelo de bruces.

—Sois un asno… —dijo desde allí.
—Disculpadme… ¿Os encontráis bien? —Se acercó como pudo para ayudarlo a alzarse. —Busco el candil… Debe estar por aquí…
—No me toquéis. Puedo levantarme yo solo…
— ¡Lo encontré!
—No gritéis —susurró. —Puede oírnos. Sabe que estoy en alguna de las habitaciones…
—Gonzalo puede ayudaros…
— ¿El que está revolcándose con Luciana? —Dijo en un tono jocoso. Parecía continuar sobre el suelo. —No lo creo.

David sintió una extraña punzada y enmudeció. Olvidó su propósito de proporcionar luz a la habitación y permaneció allí, tirado sobre la vieja madera junto a un desconocido al que no podía ver el rostro. La oscuridad comenzó a invadir sus propias entrañas y deseó con todas sus fuerzas desaparecer en ella.

—Por fin habéis callado. ¿No tendrá nada que ver con ese tal Gonzalo? —Dijo con tono burlón. —No sé qué le encuentra Luciana… ni tampoco Vos mismo…
—Marchaos… —dijo cansado. —No me importa quién sois ni quién Os persigue. Sólo quiero que Os marchéis de aquí…
— ¿Bromeáis? Si salgo al pasillo ese cretino…
—Os he dicho que no me interesa y tampoco me incumbe Vuestra suerte. No me agrada Vuestra presencia a pesar de que ni siquiera Os veo.
—Está bien… Habéis sido claro. En Vuestra conciencia quedará lo que pueda ocurrirme… —expresó con retintín.

Y acto seguido abrió la puerta. De repente, un par de hombres entraron violentamente e intentaron atrapar al desconocido, quien se zafaría con astucia y agilidad de ser atrapado. David, que se había levantado, reaccionó y abandonó de forma precipitada el cuarto tras los pasos del varón. Escaleras hacia abajo, se dio cuenta de que todo ese tiempo había estado hablando con Beatriz.




~Capítulo XV~ 


   Pietro se retorcía perezoso sobre el camastro, rodó desnudo hasta hallar el cuerpo de Lord Mikolas y se abrazó a él. Éste dormía aún y el sol pronto se ocultaría. El monarca, erotizado por la belleza del norteño, comenzó a rozarse contra el sexo contrario mientras le acariciaba los labios. 

La anatomía del militar era recia. Sobre el torso, lampiño y despejado, destacan los pezoncillos rosados y, más allá, el camino que partía en dos el abdomen estaba señalizado por una fina hilera de vello oscuro a pesar del color rojizo de sus largos cabellos.

Pero pronto lo despertó la propia erección de Pietro, la cual se mecía junto a la suya en un vaivén que desprendía aquel líquido incoloro que hacía más placentero el movimiento. Había en el ambiente un poderoso deseo que unió sus labios mientras forcejeaban por dominar al otro.

—No Os resistáis. Seréis mío…
—Queréis decir que de nuevo Os violaré aun cuando es lo que deseáis muy en el fondo…
—Sois un lujurioso…
— ¿Lo soy…? Si ser lujurioso es haceros eyacular durante horas hasta que Vuestro cuerpo se insensibilice, creo que puedo permitiros llamarme así…
—Separad Vuestras piernas porque voy a entrar y salir una y otra vez… Así… Lo hacéis muy bien… Así… ¿Os produce placer? ¡Ah!… Eso es… ¿Sentís cómo la sangre se acumula ahí para produciros ese delicioso hormigueo que entumece el raciocinio? Así… No Os toquéis… —Su entonación era afrodisíaca. —No querréis acabar antes sin mi consentimiento… Eso es… Vuestras manos abrazadas a mí, donde pueda controlarlas y morderlas… Así… ¿Veis cómo entro y salgo una y otra vez? Observad qué visión más deliciosa se produce cuando nuestros cuerpos se engarzan en un solo fragmento… Así… Os deleita, ¿verdad?... Qué placer tan delicioso es entrar dentro de Vos, experimentar la presión cada vez que avanzo, observar cómo Vuestro sexo rebota, cómo Vuestra expresión muestra el lado más privado del goce, tener este sabor Vuestro en la lengua… Separad más las piernas porque voy a acelerar el ritmo… ¿Estáis preparado?... Así… Sois encantador… Tan obediente y sumiso cuando estáis bajo mi poder…
—No aguantaré…
— ¿Queréis que descanse? —Preguntó inocente mientras se detenía.
—No… Seguid… Os lo ruego… Continuad… —Y se abrazó con más fuerza mientras sentía cómo su abdomen se mojaba más y más.
—Sois tan hermoso que sólo me inducís a haceros actos deshonestos. Pervertiros me place, arrojaros a la lujuria me obsesiona, sodomizaros es mi único cometido desde que Os trato.
—No puedo más…

Y acto seguido el blanco lechoso los envolvió para arrojar con energía las semillas de truncado destino por sendos cuerpos. Los varones dejaron escapar de sus respectivas gargantas los gemidos que la libídine había tejido y luego se abrazaron, agotados.

—Jamás le perdonaré su osadía…
—Es sólo un clérigo… ¿Por qué no lo olvidáis ya…? —Y lo ciñó contra sí para disuadirle.
—Aguardad aquí.
— ¿Qué vais a hacer…?

El sol acababa de ponerse cuando Pietro abandonó la estancia para dirigirse a la de Iván, situada más allá del largo corredor. Hizo una señal a los dos guardias que custodiaban el aposento real y con sigilo se acercaron a la puerta del prelado. Una vez allí, el soberano tocó con falsa actitud amistosa.

Iván permanecía en su habitación. Había reunido sus pertenencias y hacía inventario para no olvidar nada. Se percató de que pronto sería la hora acordada, así que salió al pasillo y fue a la cocina, donde encontró a un joven sirviente.

— ¿Deseáis ganaros una moneda? Necesito que me aviséis de la llegada de un carruaje. —Pero el muchacho lo ignoró por completo a pesar de que lo miró de reojo. —No Os marchéis, por favor… —dijo cuando vio que el otro intentaba abandonar la estancia.
—Lo siento, Padre —e inspeccionó la puerta para cerciorarse de que nadie más había. —Tenemos órdenes expresas de no atended Vuestras peticiones. He de retirarme…
—Por favor, es importante… —Se acercó y le mostró una moneda. —Os daré más. —Sacó otra y el siervo dudó mientras contemplaba el brillo del metal áureo.
—Está bien… Pero debéis ser discreto.
—Sólo tenéis que avisadme cuando llegue un carruaje a las afueras de palacio.
— ¿Y cómo sabré que se trata del que hacéis mención?
—Es de la curia. Enseguida lo reconoceréis.
— ¿Y luego?
—Simplemente necesito que me aviséis. Cuando acudáis a mi habitación, Os llevaréis un baúl.
—Pero no podré solo…
—Por eso confío en que hallaréis a alguien para que Os ayude…
—Creo que esto no es buena idea, Padre… —dijo retrocediendo.
— ¿Queréis que caiga sobre Vuestra conciencia la muerte de un clérigo? —Iván le apuntó con el dedo y su anillo rojo rubí destelló con la luz del candelabro. — ¡¿Qué pensáis qué está en juego, siervo de Dios?!
— ¡Oh, Padre…! Perdonadme… Buscaré a alguien para que podamos acercar el arcón… Pero tened presente que, si nos descubren, tendremos que huir lejos de aquí…
—No Os inquietéis. Podré auxiliaros recomendándoos allí en Roma si fuese necesario. El Papa es el soberano más poderoso. —Expresó ya recuperado.

Iván regresó a su habitación y tomó el rosario de cuentas vidriosas entre sus dedos. Fue a sentarse sobre la cama para rezar pero enseguida alguien llamó a su puerta. Se acercó y, susurrando, preguntó por la identidad de quien estaba al otro lado.

—Soy yo, Padre. El carruaje ya está allí.
—Pasad —dijo al abrir el portón. —Ése es el baúl. Llevadlo con discreción y si Os preguntan, contestad que son ofrendas para la iglesia de San Patricio. Cuando hayáis terminado, regresad aquí y Os haré entrega de más monedas. Tomad, aquí un adelanto. —Y dejó caer dos más.
—Gracias, Padre…
—Muchas gracias por tanta generosidad.
—Nada en comparación con salvarle la vida a un hombre inocente. Os aseguro que Dios sabrá recompensaros con divina gratitud.

Iván estaba nervioso. Sentía en el estómago la ansiedad de quien está cerca de un peligro desconocido aunque latente. Paseaba cerca de la portezuela y había cerrado las cortinas mucho antes, cuando empezó a llenar el arcón con sus pertenencias.

— ¿Quién es? —Preguntó cuando otra vez llamaron.
—Padre, soy yo… Ya está todo dispuesto.

El prelado salió al pasillo, entregó las monedas y con paso ligero abandonó el interior del palacio sin prestar atención a los personajes que se encontraba en su trayecto. Con disimulo, accedió al exterior y se unió a un grupo de trabajadores que en carreta atravesaban la muralla.

Cuando finalmente divisó la carroza de la curia, saltó con agilidad del vehículo. Se acercó, entró y el carruaje abandonó el lugar.

En ese preciso instante, el sol se ocultó por completo. En palacio, Pietro tocaba a su puerta.



Continuará...

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